Afortunadamente, pude ir con una auténtica patota, ya que éramos siete: Los Dos Peludos, Grillo, Bocha, El Joven del Metal y su primo, conocido entre nosotros como El Primo del Joven del Metal, y yo.
Por culpa de la previa con birra, nos perdimos a las dos bandas que hicieron las veces de soporte, a las que más tarde, promediando el final del show, don Ricardo mencionó y aplaudió; lamentablemente, no pude escuchar los nombres, cosa que no fue la única que no pude escuchar de las que dijo el cantor, ya que su micrófono tuvo problemas durante buena parte de la noche.
El primer tema fue Pensando en llegar, misma apertura que en el último Pepsi Music. Así, al palo como esa canción, fue el clima que instaló la banda en el recital, ya que hicieron pocos de sus temas tranquilos y mucho de quilombo.
Del disco que más canciones hicieron fue del último, Toro y Pampa: además de Pensando en llegar, sonaron Debes saberlo, De la escuelita, Unas estrofas más, La máquina de picar carne, Donde está mi corazón, Vencer el tiempo y Toro y Pampa, que fue uno de los momentos de máxima emoción de la noche.
Antes de tocar el gran Convide rutero, el cantor aprovechó para decir que no está mal cantarle a la ruta como hacen ellos, que prefieren eso a "cantarle a tu hermana que chupa la pija y encima lo hace mal". En ese momento, también insultó a Chayanne con su marca registrada: "tragaleche". Y luego dijo que las que dicen que él es puto porque insulta a los putos son unas pelotudas. La monada, por supuesto, correspondió la bataola de insultos con un "Iorio es lo más grande del heavy nacional".
Párrafo aparte merece, como siempre, uno de los mejores guitarristas de nuestro suelo, Claudio Marciello, que se hizo cargo del asunto, cuando Iorio se tomó un largo descanso, y peló primero un melódico y después cantó y tocó De pie, canción que da nombre a uno de sus discos. Como correspondía, El Tano fue ovacionado por la gente.
Ya que hablé de la gente, no quiero dejar de mencionar la presencia, en el medio del campo, de un pibito, de unos ocho años tal vez, arriba de su padre de pelo largo, que se la pasó agitando como el mejor metalero, con cara de enojado, gesticulando, cantando todas las canciones. Impresionante. Y lo mejor era que la gente lo saludaba y le estrechaba la mano, cosa que no pude evitar hacer tampoco. Qué grande El Niño del Metal.
Entre los muchos de los clásicos que sonaron en el recital, estuvieron Homenaje, El visitante, Sé vos y Del más allá, además de los que quedaron para el cierre.
Cuando hicieron Sé vos, el Profeta de Perón pidió disculpas y manoteó un par de hojas y la cantó leyéndola. Según explicó, por "un problema psicológico" no puede recordarla bien y El Tano le dijo que no se hiciera problema y que la lea y listo. Así fue nomás.
En varios tramos de la noche, don Ricardo contó que estuvo con Beto Casella a la mañana. Y al respecto dijo que se bañó porque "ese es medio cheto" y luego también dijo que "le gusta la joda al puto ese".
Hubo varios amigos del grupo que vieron el show al costado del escenario; dos de ellos fueron presentados por el cantor y saludados por la gente: Walter Martínez, ex baterista de la banda, y Larry Zabala, al que Iorio acusó de hippie, puto y de estar más duro que él, motivo que, según explicó, le impedía cantarse un temita.
Para el final del concierto, lo de siempre: Almafuerte, El pibe trigre y A vos, amigo. Y el ritual de despedida: los cuatro músicos abrazados, inclinándose ante el público que los despide ovacionándolos. Gracias, Almafuerte.
Por Arturo Parrilla
31 de octubre de 2007.
